
¿Se podrá marchitar nuestro amor? ¡Qué miedo!
Cuantas rosas caen marchitas en el crepúsculo de mi vida. Primaveras que seducen con el cáliz de la existencia, suaves ninfas de mis sueños que aletargan mis sentidos, y una flor encrucijada que crece en mi ser. Cuantas rosas caen marchitas en el crepúsculo de mi vida, siluetas de dulces hadas…
Dentro de la muerte de un sentimiento, nace marchitada una flor.
La rosa se agotó,
a sí misma se devoró,
hizo de su savia veneno
al ver que aquél jardinero
día tras día
en el olvido la sepultaba.
La rosa esperaba
quizá una gota de agua.
La flor se ahogó en su espera,
murió,
¿Y ahora el la llora?
Jardinero has de saber
que a las flores hay que…